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Nov 08

El peso de un nombre

¿Qué hay detrás de un nombre? Para muchos todo, para otros nada, unos tratan de evitarlo, y otros de explotarlo.

Siempre me ha llamado la atención el tema de los nombres de las personas y el peso que éstos tienen sobre las personas que lo cargan.

El nombre es de por sí interesante porque es algo que inevitablemente necesitamos al ser registrados como habitantes de una población, pero cuya decisión no recae en nosotros, sino en nuestros padres o quienes se encargan de escoger tal o cual nombre.

Al crecer, unos se van topando con diferentes circunstancias relacionadas con su nombre que puede favorecerles o no. Mientras algunos están muy contentos con su nombre, otros jamás perdonarán a sus padres por la elección. Si no me creen, pregúntenle a Mónica Galindo.

Ahora que ya mero concluyen las campañas presidenciales en EE.UU., los republicanos trataron de utilizar el segundo nombre del candidato demócrata (Barack Hussein Obama) para desprestigiarlo.

La intención era ver si de alguna manera los ignorantes en EE.UU. caen en la trampa de relacionarlo con Saddam Hussein, o con el mundo musulmán, etc. que tan mala imagen tiene en los EE.UU. Incluso algunos seguidores del partido conservador con frecuencia cambiaban el Obama por Osama, en alusión a Osama Bin Laden.

Para ellos no es suficiente explicarles que los nombres Osama y Hussein son tan comunes en el mundo Islám como John y Michael en EE.UU. o Pancho y José en el mundo hispano.

¡Pero Barack Hussein Obama es tan solo un nombre! A los John en EE.UU. también les llaman “Jack” y Obama nunca ha relacionado a John McCain con “Jack el Destripador”. Relacionarlo con él tendría el mismo grado de ridiculez que el trato que está recibiendo Obama con su nombre.

Aunque bueno, admito que algunos nombres tienden a llamar la atención por lo exótico o poco comunes que estos pueden ser.

Tengo un amigo de nombre Quetzalcóatl que vive en San Clemente, California. El nombre es difícil de pronunciar en español para muchos; ahora imagínense en inglés. Para facilitarlo, su apodo es simplemente “Quetz”.

Platicando con él sobre su nombre me comentó que cuando creció en un barrio pobre de la Ciudad de México muchos niños se burlaban de su nombre. Al llegar a la universidad y durante sus estudios de doctorado en Cleveland, Ohio, mencionó que muchos maestros le reconocían la belleza de su nombre. ¿Cuál habrá sido la diferencia en la reacción, el nivel de educación?

Pero, ¿por qué habría alguien de burlarse del nombre Quetzalcóatl? Es el nombre de un dios azteca, cuyo significado es “la serpiente emplumada.” Si nos vamos a nombres de dioses, líderes religiosos, o emperadores, podemos encontrar infinidad de Mohammed, Jesús, Haile, o Julio César. ¿Será que el nombre del dios de una civilización indígena es visto con racismo?

Si alguien mencionara que no se trata de racismo, sino que los sonidos son extraños, entonces lo mismo pudiera decirse de nombres como Alejandro, Francisco, o Ricardo. Pero como estos últimos son más comunes su pronunciación es incuestionable.

Aunque no debería, salirse de lo común puede ser arriesgado al seleccionar un nombre.

Por ejemplo, tengo una prima que se llama Dragytza y jamás he escuchado este nombre repetirse en otra persona. No sé cuál fue el proceso que utilizaron mis tíos al llamarle así, al parecer el nombre Dragytza fue muy popular en la ex-unión soviética hace como 5 mil millones de años antes del Big Bang.

Incluso en su misa de quinceaños, al padre se le ocurrió decir que su nombre sonaba “como una bella dragoncita.” Algunos poetas han utilizado a la flor o la mariposa como símbolos de belleza en la naturaleza, pero al padre se le ocurrió utilizar “dragoncita”.

Quizás nunca leyó cuentos de calabozos y dragones, pero estos míticos animales de toscas características reptiloides escupían fuego, vivían en las tinieblas y atemorizaban a cuantas aldeas se topaban en los cuentos infantiles.

Pero ni la pronunciación ni la estructura de su nombre tuvieron un peso más fuerte que lo estrambótico del mismo.

Ahora, el clasismo juega un papel importante. Socialmente, es aceptable que alguien de clase alta le diga George a alguien que se llame Jorge. Pero si eso sucede en la clase baja, es visto como “naco”. No los entiendo.

Por otro lado, la combinación de apellidos suele traer resultados inesperados. En una fábrica en Monterrey me topé con un empleado cuyos apellidos eran Piña Cabeza. Lo cual quiere decir que su madre es la señora Cabeza de Piña.

Otras combinaciones de apellidos que he evidenciado son Pompa del Ángel, Madrazo Pintado, Paz Guerra, Cabeza de Vaca, y Prieto Delgado. De seguro hay infinidad de combinaciones que pueden resultar interesantes.

La pronunciación de algunos nombres puede ser diferente en otros países. Por ejemplo “Daniel” en español suena igual a “Danielle” en inglés. El primero es nombre de hombre y el segundo de mujer.

Los nombres son y seguirán siendo siempre tema de conversación y casos como los que he mencionado seguirán repitiéndose. Pero es importante que el respeto que sus portadores se merezcan no dependa del nombre en sí, sino de la persona.

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