El primer día nos tomó 10 horas sobre la autopista interestatal número 5 para llegar a un pueblo mágico de nombre Mount Shasta que se encuentra en la parte norte de California muy cerca de la frontera con Oregon.
El nombre Mount Shasta se debe a la montaña nevada de 4,300 metros de altura que puede verse en un día claro a 100 millas de distancia.
La montaña es una belleza por sí misma; incluso el presidente Teddy Roosevelt expresó que este paraje siempre fue uno de sus lugares favoritos.
Muchas de las tribus que habitaron este lugar a principios del siglo 19 lo consideraban un lugar sagrado y hasta la fecha se siguen practicando rituales en la montaña.
Katie y yo no íbamos preparados ni contábamos con el tiempo para escalar Mount Shasta, así que fuimos a la base que está a 2,130 metros de altura para contemplar de cerca a la gran Shasta.
De ahí, decidimos hacer algunas caminatas en un poblado cerca de nombre McCloud que ofrece una variedad de caminos boscosos con grandes recompensas naturales. Una decisión por demás acertada.
El fresco olor a pinos, el suave sonido del torrente de agua deslizándose entre las rocas, y la variedad de aves y flores danzando al son del viento, son solo algunas muestras de lo mucho que nos ha dado nuestra madre naturaleza y a la cual le estamos infinitamente agradecidos.
Nuestro paso por Mount Shasta fue breve pero bien aprovechado. Después de dos días debíamos continuar nuestro camino para llegar a Port Angeles, Washington, no sin antes cruzar el estado de Oregon.
El estado de Oregon tiene unos paisajes muy europeos al puro estilo de los bosques alemanes o hasta suizos llenos de colinas forradas de pinos muy altos.
En la parte noroeste del estado se encuentra la ciudad de Portland. No es un poblado muy grande pero hicimos una parada en Liner & Elsen, una tienda de vinos que se especializa en vinos exóticos. Ahí pueden encontrarse vinos raros como el Chateau-Chalon, y otros de uvas poco comunes como el Verdil, Priorat, Raspay, etc.
Otro dato interesante de Oregon es que todas las gasolineras tienen empleados que despachan el combustible como en México. No es como el resto de los EE.UU. donde uno se baja de su auto a ponerle gasolina.
De ahí continuamos a la Península Olympic del estado de Washington donde se encontraba el siguiente destino. En esta península se encuentra el Parque Nacional Olympic, que alberga lagos, ríos, cascadas, montañas nevadas y otros paisajes predilectos para convivir al 100% con la naturaleza.
Aquí les comparto un video con escenas de este parque.
Mañana saldremos hacia Vancouver, Canadá para hacer otro recorrido que ya les platicaré después.
Por lo pronto estos encuentros con la naturaleza han estado llenos de energía y relajación. Un excelente alejamiento y una genial pausa de lo rutinario que a veces se pueden volver algunas cosas de la vida.
La lección: vive al máximo
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