Desde niño siempre he estado convencido que, de todos los sentidos, la vista es el mecanismo perceptivo más valioso del ser humano en el plano individual (en lo colectivo, ¿qué sería del amor sin el tacto?). Un proverbio chino dice que “es mejor ver una vez que escuchar cien veces.”
Del escritor portugués José Saramago (Premio Nobel de Literatura 1998) es esta fenomenal novela que nos abre los ojos ante una brutal e inexplicable epidemia de ceguera que azota a un país ficticio propagándose rápidamente hasta casi el último de los habitantes.
“Ensayo Sobre la Ceguera” te engancha ferozmente desde la primera página por su apocalíptica trama y su agilidad narrativa. Y es a partir de la primera víctima en que no puedes parar de leer; desde ese trágico instante en el que un hombre se queda totalmente ciego en su coche mientras espera el cambio de luz del semáforo.
Con cada contacto humano se va esparciendo la ceguera como una imparable plaga, acarreando un caos inevitable que obliga al gobierno a aislar en cuarentena a los infectados. Pero llegarán más. Y más…
Y en esta situación de suma adversidad se juntan grupos contrarios, bandas de ciegos buscando tener control y poder. Es la prueba máxima del humanismo, en cómo hasta en las peores tragedias los comportamientos humanos salen a relucir lo mejor y lo peor de las personas.
En un escenario donde la supervivencia y la esperanza son la razón de lucha diaria de nuestros protagonistas, quizás la solución se encuentre en un caso extraordinario: la única protagonista que resiste a la ceguera.
Inexorablemente nos absorbe una empatía ante el sufrimiento que llevan los personajes de la novela. Saramago nos invita a reflexionar sobre las dificultades de vivir en un contexto de ceguera masiva y la deshumanización a la que pudiera caer en consecuencia.
Después de leer este libro, nunca volverás a ver igual.
La multicultural ciudad de
Pero hacia el norte de la región, específicamente en
La sala que comprende los siglos 17 y 18 es generosa y destaca los logros de maestros italianos, españoles y franceses. El retrato de Teresa, Condesa de Kinsky (1793) de la artista francesa Marie-Louise Vigée-Lebrun, es un extraordinario ejemplo del manejo de la textura, el color y la forma en una pintura (ver foto).
Still Life with Fruits and Vegetables (foto) del pintor flamenco Frans Snyders es una pintura a gran escala que reúne una abundancia de objetos en una dinámica composición de vivos colores. Esta compleja y jubilosa obra es de las más admiradas en la sala por la maestría con la que el pintor recreó la iluminación y las diferentes texturas en las frutas y los animales vivos.
La recopilación de piezas del siglo 20 es muy variada y comprende pinturas y esculturas de artistas como Modigliani, Picasso, Kandinsky, Rothko, Matisse, Braque, Alberto Giacometti y Diego Rivera (foto), entre otros.
El jueves pasado tuve la oportunidad de ver y escuchar un tremendo concierto, digno de ser recordado por muchos años. Un recital monumental que entra ya en la lista de los más grandes eventos que he evidenciado.
La foto de arriba es la entrada al “Jardín Mágico de la Reina Califia”, una instalación artística de Niki de Saint Phalle que se encuentra en la ciudad de Escondido, California, muy cerca de la ciudad de San Diego.
La pieza principal se encuentra al centro, es una escultura de la Reina Califia sobre un trono en forma de águila y una fuente representada por un huevo dorado ubicada debajo del trono. Este huevo representa el reino mágico de la Reina Califia sobre los océanos y se refiere también al ciclo de la vida, la muerte, y la transformación, temas recurrentes en muchas obras de Niki de Saint Phalle.
Pero bien, ¿quién es la Reina Califia? La leyenda de la Reina Califia (también conocida como Calafia) proviene de la novela Las sergas de Esplandián del autor español Garci Rodríguez de Montalvo publicada en 1510.